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Don Hilario Cuernajón abril 28, 2007

Posted by Sergio in Arte y Artistas.
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Por cosas del destino, sin haberlo comprado, ni heredado, ni hurtado, tengo en mi poder un ejemplar de un libro editado por la Dirección General de Bellas Artes y Archivos, dependiente del Ministerio de Cultura de España, con motivo de una exposición de fotografías de Roberto Otero, titulada “Recuerdo de Picasso”, que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en Noviembre de 1984.

El libro en cuestión, reproduce numerosas fotografías (unas 60) que formaron parte de dicha exposición, y que fueron tomadas por el fotógrafo Roberto Otero, íntimo amigo del pintor, y lo muestran en su trabajo, en escenas de su vida diaria, junto a amigos, junto a Jacqueline, su última pareja, y asistiendo a corridas de toros, su gran afición.

Además, el libro contiene numerosos textos breves, extractados de notas acumuladas por el fotógrafo, en cuadernos en los que registró, durante años, las conversaciones sostenidas con Picasso. Estos textos, como las fotografías, retratan, directa y clara, la personalidad del pintor, más allá de los mitos: El hombre en su cotidianeidad, sus pensamientos, sus preocupaciones, su humor, sus amores.

Tanto las fotografías como los textos, por supuesto, están sujetos a derechos de autoría, por parte de Roberto Otero, pero me permitiré publicar uno de ellos, que muestra el genial humor de Picasso, y habla de la relación de amistad que lo unía con Otero:

Don Hilario Cuernajón
(3 de Octubre de 1966)

“Hablamos de España, como siempre, pero sobretodo de aquel pueblo imaginario que hemos inventado en una conversación ya lejana. Un hipotético espectador podría pensar que estamos rematadamente locos, de tener ocasión de escuchar alguna de estas charlas surrealistas. Por fortuna, rara vez lo hacemos delante de algún testigo.

Picasso: Y dígame, querido don Enrique, usted que acaba de llegar de Navas de Malvivir. Pero perdone el paréntesis: con la nieve que cae y lo mal que están los caminos… ¡Es usted un valiente!

Yo: Así es, don Hilario, aunque algo de vergüenza me da reconocerlo. Fíjese que he reventado diez caballos desde que salí de la aldea.

El juego consiste, en efecto, no sólo en inventar disparates sobre un pueblo ficticio de España, sino también en hablar ceremoniosamente, como los personajes de ciertas novelas de principios de siglo. Picasso me ha bautizado para estos menesteres como don Enrique Salgado y yo le he puesto, a mi vez, don Hilario Cuernajón Núñez de Vaca, que parece gustarle particularmente.

Picasso: Pues como le digo, usted que acaba de llegar… ¿qué me cuenta de aquello?… ¿Cómo está Navas de Malvivir?

Yo: Siempre en el mismo lugar, don Hilario. Si no fuera por los líos que tenemos con los del pueblo de abajo, Ataquines de Todos los Rodiezmos, ni valdría la pena hablar del asunto.

Picasso: Ya sé, ya sé… lo he leído en los periódicos: el cura está que echa chispas por que le quieren robar la imagen de la Macarena para llevarla a la iglesia del pueblo de abajo, ¿verdad?… Ya ve usted que todo se sabe. No hay noticia que no corra, ni mal que cien años dure ni bien que por mal no venga, ni pintor al que a la larga no le hagan un homenaje…
¡Pero qué bárbaros son estos españoles!… ¿A quién se le ocurre? ¡Robarle la Macarena al cura de Navas de Malvivir!… Con lo enfermo que está…

Yo: Lo de la enfermedad, como usted podrá sospechar, don Hilario, es lo de menos.

Picasso: Ya sé, ya sé, don Enrique. Lo peor es lo que todo el mundo sabe…

Yo: Así es, don Hilario, aunque no sé si conoce usted toda la historia…

Picasso: ¿Pero cómo no voy a conocerla, hombre? ¿Se cree usted que vivo aislado en una torre de marfil, o en el siglo XV, o que soy un paleto? ¡Vamos, hombre! Si estoy abonado al ABC y no hay noticia que el ABC no traiga… Se refiere usted, sin duda, a las hijas del cura, que como todo el mundo sabe son algo putillas…

Yo: Sin ánimo de ofender, don Hilario, lo son tanto como sus primas de usted, como todo el mundo sabe…

Picasso: ¡Qué sin ánimo de ofender ni qué ocho cuartos! La verdad es la verdad y hay que llamar al pan pan y al vino vino. En otras palabras, como se dice en España: blanco sobre negro, o blanco sobre blanco, que es igual… Si son putas, allá ellas, pero que lo son, lo son.

Yo: Bueno, don Hilario, no tanto… a veces se exagera. Sus primas de usted, por otra parte…

Pero por lo visto, está escrito que no puedo desarrollar un paralelo entre las primas de don Hilario Cuernajón y las hijas del cura. Ambos nos hemos dado cuenta de que ha entrado en la habitación la criada española y cambiamos el tema luego de un breve silencio, no sin demostrar cierto fingido embarazo, como si nos hubieran sorprendido en una conversación ultrasecreta. Es evidente que Carmen ha oído todo lo relativo a las hijas del cura y leo en el fulgor de los ojos de Picasso que está radiante con el efecto producido.

– ¿Quieren beber algo? – nos pregunta.

– No, Carmen, gracias.

Cuando se marcha nos reímos a carcajadas. “Debe estar escandalizada” – concluye don Hilario – y continuamos hablando de Navas de Malvivir.”

¡¡¡…Lo que habrá sido tomarse unas copas con este hombre!!!

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Comentarios»

1. Luis - mayo 9, 2007

jajaja buenisima lo ceremonioso y directo que es el dialogo jaja.


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